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Relación entre acoso social y trauma complejo: la neurociencia detrás de la etiqueta

El acoso social, más conocido como bullying en niños y adolescentes y mobbing en adultos, es una de las principales causas del incomprendido Trastorno por Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C o PTSD-C por sus siglas en inglés). Y no, esta conclusión clínica no la he sacado yo, sino que es la base de varias investigaciones y evidencias científicas estudiadas a lo largo de los últimos años del siglo pasado y los que llevamos del actual.


Para ponernos en contexto, antes de hablar de la relación entre acoso social y trauma, hay que conocer qué es el Trastorno por Estrés Postraumático Complejo. Lo voy a explicar según el manual diagnóstico del CIE-11 de la OMS (Organización Mundial de la Salud). En este sentido, el TEPT Complejo se define como un trastorno de salud mental derivado de la acumulación de traumas repetidos durante un largo periodo de tiempo. Estos suelen ser de carácter relacional, y la víctima siempre siente que no puede escapar de ninguna manera (ojo que esto no significa que no pueda escapar de forma física, sino que también se tiene muy en cuenta la cárcel mental a la que está sometida durante el acoso), así que aquí entra el bullying y el mobbing a la perfección que al final no son más que formas de acoso relacional, cada una en fases distintas del desarrollo de una persona.


Si recurrimos al análisis de la conducta en los entornos sociales, se deja ver que cada vez es más común el maltrato relacional, ya no solo en la escuela o el instituto, sino en entornos en los que nos movemos las personas adultas de a partir de unos 20 años, como el trabajo o la universidad, por ejemplo. De hecho, cada vez este acoso termina siendo más y más sutil, casi imperceptible en algunos casos para el entorno de la víctima, por lo que esta termina sintiendo esa indefensión y cárcel mental que comentaba antes que suele ser la principal causa del trauma complejo.


Algo a lo que es importante hacer también alusión, antes de meterme a explicar cómo afecta al cerebro y el desarrollo de una persona este trastorno, es la diferencia entre estos dos términos que acabo de utilizar: el de trauma complejo y el de Trastorno por Estrés Postraumático Complejo. Muchísimos profesionales de la salud mental los utilizan de una manera prácticamente idéntica, porque en teoría son casi lo mismo. Sin embargo, hay una diferencia crucial: el trauma complejo se refiere a la naturaleza del trauma, es decir, al qué ha pasado, mientras que el TEPT Complejo sería el resultado de esa serie de eventos. Dicho esto, me voy a meter ya en la neurociencia que explica por qué el acoso social es una de las principales causas del estrés postraumático complejo.


Visión neurocientífica: cómo afecta el acoso relacional

Los neurocientíficos están de acuerdo en que la victimización relacional (sea bullying o mobbing) puede generar consecuencias de salud mental que pueden durar toda la vida. Desde el cambio de paradigma en cuanto al bullying de Olweus en los años 70, o el estudio sobre el mobbing de Leymann en los 90, hasta nuestros días, se ha demostrado una alteración de varias zonas cerebrales debido al trauma relacional:


  • Consecuencias en el HPA (el eje Hipotalámico-Hipofisario-Suprarrenal): aquí interfieren la amígdala (la encargada de detectar los peligros), el hipotálamo (que activa la señal liberando la hormona CRH), la glándula pituitaria (libera la hormona ACTH), las glándulas suprarrenales (que no están en el cerebro, y se encargan de liberar el cortisol y la adrenalina). En el caso del acoso relacional que es persistente en el tiempo y encierra a la víctima en esa cárcel mental que le hace pensar que no puede escapar, este circuito no se apaga, provocando un exceso de cortisol alterando las estructuras cerebrales.

    Circuito del eje HPA
  • Neuroplasticidad e hipocampo: el hipocampo es el encargado de la memoria y la regulación emocional en el cerebro. Cuando hay trauma relacional, su volumen se reduce considerablemente, lo que provoca en la víctima una dificultad para distinguir la amenaza del pasado, del presente seguro.

  • Inflamación sistémica: descrita a menudo de forma divulgativa como una activación descontrolada de "bomberos" inmunológicos, consiste en realidad en una respuesta neuroinmunológica disfuncional donde el acoso relacional crónico provoca una liberación persistente de citoquinas proinflamatorias como la Interleucina-6. Al mantenerse el eje HPA sobreactivado por la sensación de amenaza constante, el cuerpo desarrolla resistencia al cortisol y pierde la capacidad de apagar esta respuesta defensiva, transformando lo que debería ser una protección temporal en un "fuego" inflamatorio que daña la integridad estructural del hipocampo y la neuroplasticidad cerebral, consolidando así las bases biológicas del TEPT-C.

  • La amígdala se vuelve hipersensible: en el acoso relacional crónico, la amígdala experimenta un proceso de hipertrofia y sensibilización que altera radicalmente la percepción de seguridad de la víctima. Al actuar como el centro cerebral del miedo, su exposición constante a la amenaza del bullying o mobbing la mantiene en un estado de activación permanente, lo que se traduce clínicamente en una respuesta de sobresalto exagerada e hipervigilancia. Esta hipersensibilidad provoca que el cerebro priorice los mecanismos de defensa sobre la capacidad de razonamiento, facilitando que estímulos externos neutros (como un tono de voz o una interacción social común) sean interpretados erróneamente como peligros inminentes, consolidando así el sustrato biológico de la desregulación emocional característica del TEPT-C.


Síntomas más comunes de TEPT-C causado por acoso social

El Trastorno por Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C) se define en la CIE-11 mediante estos síntomas clave:


Sintomatología del TEPT clásico

  • Reexperimentación: recuerdos intrusivos, pesadillas y flashbacks emocionales.

  • Evitación: conductas para evitar personas, lugares o situaciones que evoquen el trauma.

  • Hiperactivación: estado de alerta constante e hipervigilancia extrema ante amenazas percibidas.


Alteraciones en la organización del Self (DSO)

  • Desregulación afectiva: dificultad severa para gestionar emociones, manifestada en impulsividad y labilidad emocional.

  • Autoconcepto negativo: sentimientos persistentes de vergüenza, culpa e inutilidad que internalizan el discurso denigrante del acosador. Esto se ve acompañado de ideaciones autolíticas.

  • Dificultades relacionales: aislamiento crónico y ansiedad social, derivados de la incapacidad de confiar en los demás.


Manifestaciones somáticas y disociativas

  • Sintomatología somática: el trauma complejo es una condición sistémica. La cronicidad del estrés y la respuesta inflamatoria persistente derivan a menudo en migrañas tensionales, trastornos digestivos (como colon irritable) y alteraciones endocrinas (incluyendo patologías tiroideas).

  • Sintomatología disociativa: estados de desrealización (percepción irreal del entorno), despersonalización (desconexión del cuerpo) o desconexión emocional como estrategia de defensa involuntaria frente al trauma.


Comprender que el acoso relacional no es un conflicto social menor, sino el precursor de una condición sistémica como el TEPT-C, es el primer paso fundamental para romper el ciclo de silencio y culpa. Como hemos analizado, el trauma complejo no reside únicamente en la memoria de la víctima. Habita en su neurobiología, alterando la arquitectura cerebral y dejando una huella somática que se manifiesta mucho después de que el acoso ha terminado.


Es vital recordar que la recuperación no es un proceso lineal ni literal. La variabilidad en cómo experimentamos síntomas como la evitación o la desregulación emocional demuestra que cada sistema nervioso ha realizado un esfuerzo de supervivencia único. No presentar todos los síntomas de forma convencional no invalida el dolor, ni resta peso a la realidad del diagnóstico.


El TEPT-C es, esencialmente, una respuesta adaptativa que se quedó atrapada en un tiempo y lugar que ya no existen. Reconocer esta condición bajo el marco de la CIE-11 nos permite dejar de buscar el error en nuestra propia identidad para entenderla como lo que es: una respuesta fisiológica y psicológica ante una amenaza prolongada. La validación científica de este trastorno es, en sí misma, una herramienta terapéutica. Saber que no estamos rotos, sino que nuestro sistema nervioso ha estado operando en modo de supervivencia, es el punto de partida indispensable para recuperar la integridad, la confianza y nuestra propia narrativa de vida.

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A través del trauma es un espacio de información y un podcast guiado por la periodista Alicia Rojo Ortego, para informar sobre trauma complejo, acabar con los mitos actuales y ayudar a las víctimas de abuso.

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